El bondi misionero: una experiencia espiritual

En Misiones, tomar el colectivo no es transporte: es un acto de fe, chamigo. Vos te parás en la parada, mirás el horizonte y te encomendás a San Horario, patrono de lo impredecible. El bondi pasa… o no pasa. Y si pasa, te saluda de lejos con un “ya vuelvo” que suena más a amenaza que a promesa, dejando una espesa nube roja a su paso. Cuando finalmente aparece, viene lleno hasta el techo (no menciono la comparación con el ganado,porque viajan mejor). El chofer maneja con la serenidad del que sabe que el tiempo es una sugerencia y calcula milimétricamente para agarrar todos los semáforos en rojo. Adentro, el gurí va a la escuela, la doña al hospital y vos al trabajo… todos llegando cuando Dios Vicoski quiere. El aire acondicionado es un mito urbano y las ventanillas las podes abrir si sos campeón de peso pesado, porque están atoradas de tanto pringue y cochambre. Como usuario habitual del servicio urbano, no puedo menos que putear cada vez que me toca usar la transferencia. ¿Querés ir de Posadas a Candelaria o venir de Garupá hasta el centro? Preparate para tener un buen estado atlético, porque en cuanto llegue el 30 a su andén, vas a tener que inflar campera para ganarte un asiento ( o un mínimo espacio en la unidad) , ya que se va a armar una batalla campal: padres que mandan a sus ocho hijos a las corridas para agarrar un asiento, adolescentes que tumban viejitas del PAMI sin que le tiemble el pulso, los vivos que llegaron último pero atropellan primero ( la frase “los últimos serán los primeros” lo tomaron literal), y una amplia fauna que te la va a poner muy difícil para llegar a tu destino.

Y en verano…ni hablar. Se dice que el diablo alguna vez visitó Misiones y pidió un Uber, porque decía que viajar en colectivo es un infierno. En el costado más profundo del tema: las tarifas. La empresa líder que se tumbó a toda la competencia, decide cuándo y cuánto subir el boleto; por supuesto “audiencia pública” mediante. ¿Alguien conoce a algún vecino que alguna vez haya presenciado una de esas reuniones? Misterios como la del nahuelito… Los capos del rubro argumentan suba de costos e incapacidad de cubrir sueldos, pero te das una vuelta por el microcentro posadeño y te topas con las flamantes unidades a GNC ¿No era que estaban pasando miseria? Déjeme desconfiar como buen argentino. Pero ojo, que el servicio tiene su encanto: aprendes paciencia zen, conoces la vida del prójimo y practicas el equilibrio artístico en cada curva. Así es el bondi misionero, tarde, lleno y misterioso. Un viaje que no te lleva rápido, pero te forma el carácter. Sapucay y a seguir esperando.