Los pibe’ chorros

Parece queel sentido común está comenzando a aflorar en nuestro querido país. La Cámara de Diputados acaba de dar media sanción a la ley penal que implementa la baja en la edad de imputabilidad, ante la cara de ojete de muchos personajes que nos venimos fumando hace años. El argumento oficial de algunos sectores es claro: “son pibes”.Desde el ala más romántica del kirchnerismo, la cosa se plantea como si cada motochorro fuera un incomprendido poeta urbano al que le faltó una beca cultural y un par de abrazos. Según esa narrativa, el problema no es el delito, es la falta de clubes de murga y talleres de percusión inclusiva. Si te afanan, en vez de denunciar, casi que deberías pedirle disculpas por no haber generado más justicia social preventiva. Algunos intelectuales de izquierda casi proponen armar una comisión para estudiar si el concepto de “edad” no es una construcción neoliberal opresiva. Mientras tanto, el vecino promedio ya tiene más rejas que la prisión de Bukele, y el perro duerme con chaleco antibalas.

El kirchnerismo duro sostiene que endurecer penas es “criminalizar la pobreza”. Y así seguimos, en loop eterno, donde la discusión moral siempre le gana al sentido común, pero el que pierde es el tipo que labura doce horas y vuelve mirando para todos lados al borde de la esquizofrenia.

Se habla de derechos humanos, de inclusión, de deuda histórica. Todo muy solemne, muy declamado, muy acto en plaza. Pero cuando el pibe que todavía no puede votar sí puede asaltarte con un fierro, el psicólogo lo termina pagando la víctima (si es que sale entera, y no con los pies por delante). De momento se ha dado un paso importante. La pregunta es si será suficiente, porque en este bendito país de la “mano de Dios” somos especialistas en saltar las reglas a golpe de viveza criolla. Cuídese. No sea cosa que cuando la ley se ponga en vigencia, los chorros salgan con “soldaditos” de guardería a punguearsin sufrir consecuencias legales. Hecha la ley, hecha la trampa.